Trump ha anunciado un acuerdo “histórico” con Hamás para su desarme, pero la negativa de Israel pone en evidencia al presidente de EEUU
Donald Trump hizo otro de sus anuncios rimbombantes, pero el principal obstáculo sigue siendo Israel, que se niega a abandonar la Franja o a detener los ataques, pese a un alto el fuego en vigor desde octubre de 2025



Hace una semana, el presidente estadounidense anunció un acuerdo que calificó de “HISTÓRICO” para el “DESARME COMPLETO” de Hamás. No es la primera vez que Donald Trump hace un anuncio rimbombante de este tipo, con la promesa de acabar con el conflicto en Gaza y en toda la región: “Este es un paso monumental hacia una paz y seguridad duraderas”, aseguró en su red Truth Social.
Sin embargo, ese acuerdo “histórico” puede quedar reducido a un mero documento sin efectos sobre el terreno –como el plan de 20 puntos de Trump que el pasado mes de octubre cerró en falso la guerra de Gaza–, después de la negativa de Israel de aceptar lo acordado a lo largo de semanas de negociaciones en El Cairo entre el grupo palestino Hamás, los representantes de la Junta de Paz (liderada por el mismo Trump) y los mediadores (Egipto, Qatar y Turquía).
Tras el anuncio del republicano, Hamás afirmó rápidamente su compromiso con el acuerdo, que no es más que el paso a la segunda fase del plan de 20 puntos. El movimiento islamista ya ha dado varios pasos para su implementación en los pasados meses. Ahora ha aceptado entregar las “armas pesadas”, siempre y cuando Israel “cese todas las formas de agresión” y retire sus tropas de la Franja, y se dé comienzo a “la reconstrucción” del territorio palestino, devastado por dos años de una brutal ofensiva, en la que han sido asesinados más de 73.000 palestinos.
Según Trump, “cuando el desarme se complete, las fuerzas israelíes se retirarán”, aunque esa no es la secuencia que dijo haber pactado Hamás, cuyos representantes defendieron en todo momento el fin de la agresión israelí antes del desarme. La discrepancia en la secuencia de la aplicación del acuerdo fue aclarada por la Junta de Paz posteriormente, pero el principal obstáculo es que Israel no ha dado su visto bueno al acuerdo y ha reiterado que no va a desocupar la Franja.
Días después del anuncio de Trump –en los que Israel aumentó sus bombardeos sobre la Franja y mató a 19 personas sólo entre el domingo y el lunes pasados–, el primer ministro Benjamín Netanyahu aseguró que su Gobierno no ha aceptado el acuerdo. “Nos mandaron un borrador [desde EEUU]. No estamos de acuerdo. No es nuestro borrador, enviamos nuestros comentarios” de vuelta a Washington, dijo Netanyahu –a quien Trump llama cariñosamente Bibi– en un vídeo difundido en sus redes sociales.


Netanyahu confirmó algo que se puede deducir fácilmente de la actuación del ejército israelí en Gaza: las tropas no se van a retirar del territorio que ocupan y que han reducido a un desierto (más del 60% de la Franja). “No nos retiraremos de nuestras posiciones actuales hasta que Hamás esté completamente desarmado”, afirmó en ese vídeo.
De hecho, el ejército está levantando una gran barrera de tierra para delimitar la zona que controla en Gaza, incluso más allá de la llamada Línea Amarilla. Esa fue la línea que marcó el repliegue de las tropas cuando entró en vigor el alto el fuego en Gaza, en octubre de 2025, pero desde entonces Israel ha expandido sus dominios en más del 10% del territorio.
El plan de 20 puntos de Trump –que Tel Aviv acató– fijaba una segunda línea de repliegue y, finalmente, la retirada casi total de la Franja, excepto una “zona de amortiguación” en el perímetro del enclave costero. Esa hoja de ruta también especificaba que “Israel no ocupará ni anexionará Gaza” y EEUU se ha mostrado muchas veces en contra de esa posibilidad. Sin embargo, no ha presionado a Netanyahu para que vuelva a la Línea Amarilla original.

Los cálculos electorales de Netanyahu
“El actual Gobierno no quiere retirarse de Gaza, quiere volver a establecer asentamientos allí”, afirma a elDairio.es la profesora de Ciencias Políticas Ilana Shpaizman, de la Universidad de Bar Ilan de Israel.
Recientemente, varios ministros de Netanyahu participaron en una marcha de colonos judíos junto a la valla fronteriza de la Franja para exigir el regreso de las colonias israelíes al territorio palestino (Tel Aviv decidió desmantelarlas en 2005). Shpaizman considera que Netanyahu nunca ha querido plantear ninguna alternativa para “el día después” de la guerra en Gaza debido a sus socios de coalición, entre los que hay ultranacionalistas judíos y ultraortodoxos, que han abogado por la expulsión de los palestinos de Gaza, su aniquilación con bombas y con hambre y la vuelta de los colonos hebreos.
“Va a hacer todo lo posible para no retirarse, a menos que sea presionado por EEUU”, agrega la profesora. Además, destaca que “todo lo que hace Netanyahu tiene motivos electorales, desde el principio de la guerra” contra Gaza, en octubre de 2023, en respuesta al ataque de Hamás del día 7 de ese mes (en el que los milicianos palestinos mataron a más de 1.200 personas y secuestraron a otras 251 en el sur de Israel).
Israel va a hacer todo lo posible para no retirarse, a menos que sea presionado por EEUU
Ilana Shpaizman — profesora de Ciencias Políticas
Con las elecciones generales fijadas para el próximo 27 de octubre, el primer ministro busca mantenerse en el poder otros cuatro años, a pesar de no haber rendido cuentas ni por la gestión del ataque del 7 de octubre ni por el genocidio en Gaza. A nivel interno, su popularidad no se ha visto tan resentida por el prolongado conflicto en múltiples frentes –Líbano, Siria, Irán–, pero las encuestas indican que le sería difícil volver a sumar los apoyos necesarios para formar gobierno.
Shpaizman apunta que “lo que ocurra después de las elecciones dependerá de la composición de la coalición gobernante, si va a ser más o menos derechista” de la actual, considerada la más ultra de la breve historia del Estado judío. Ningún partido obtendrá una mayoría clara para gobernar y los rivales de Netanyahu no tienen una postura muy diferente respecto a los territorios palestinos ocupados, ni Gaza ni Cisjordania.
“Ahora mismo, la mayoría de los partidos no presentan ninguna sugerencia ni soluciones concretas sobre la situación en Gaza”, agrega la experta en coaliciones de gobierno y procesos políticos. “Creo que, si EEUU presiona, cualquier gobierno se retirará [de Gaza], pero la presión tiene que ser suficientemente fuerte para que lo haga”, concluye.

La presión, aunque limitada, ha venido de la mano del alto representante de la Junta de Paz para Gaza, Nikolai Mladenov, que se reunió con el primer ministro israelí el lunes de esta semana y, según algunos medios locales, le pidió que detuviera los ataques contra la Franja para facilitar el trabajo de su equipo y de los mediadores. Según una fuente citada por el periódico Haaretz, el ambiente durante el encuentro fue “desagradable”.
Mladenov dijo después de reunirse con Netanyahu que había sido “un día largo en Jerusalén” y admitió que era el comienzo de “la fase difícil”. “Gran parte de lo que hacemos ahora no es espectacular. Es un trabajo lento, arduo y técnico”, afirmó en X.
El alto representante, que responde directamente ante Trump, había criticado durante el fin de semana los “dos días de ataques en Gaza que mataron a civiles y destruyeron suministros médicos de los que depende la gente”. “Mi equipo y yo trabajamos sin descanso con las partes, los mediadores y los socios regionales para reducir la tensión y crear las condiciones necesarias para la plena implementación del plan del presidente [Trump]”, escribió Mladenov.
La Junta de Trump se alinea con Israel
Desde el lunes por la noche, tras las supuestas presiones de Mladenov, Israel ha reducido sus ataques contra Gaza. La radio asociada al Ejército israelí, Galatz, anunció el martes que todos los ataques en la Franja tendrían que ser aprobados, a partir de ese momento, por el jefe del Estado Mayor y no por el comandante de división, lo cual indica un mayor reparo a la hora de enfadar a la Junta o al propio Trump. Galatz señaló además que se había registrado una “reducción” de los bombardeos israelíes que respondería directamente a ese cambio de procedimiento, según la Agencia EFE.
Si las supuestas presiones de Mladenov han logrado reducir los ataques israelíes, también es evidente que el enviado especial recibió presiones de Israel para que asumiera la versión de la secuencia que Netanyahu defiende –que, en última instancia, podría acabar boicoteando la aplicación del acuerdo, porque es difícil que Hamás acepte desarmarse por completo sin un repliegue, al menos parcial, de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI)–.
Después de la reunión entre los dos, la Junta de Paz emitió el siguiente comunicado: “Señalamos que la retirada de las FDI desde la ‘Línea Amarilla’ solo se llevará a cabo una vez completado el desarme, tal como Hamás se comprometió ante los mediadores. Esto se aplica por igual a las armas ligeras, a las armas pesadas y a los túneles”.
Lo que ocurra después de las elecciones de octubre dependerá de la composición de la coalición gobernante, si va a ser más o menos derechista de la actual
Ilana Shpaizman — profesora de Ciencias Políticas
La Junta explicó que el proceso estará supervisado por dos nuevas entidades, que aún no han sido formadas. Por una parte, la Fuerza de Estabilización Internacional (ISF, por sus siglas en inglés): una fuerza multinacional de unos 20.000 efectivos que, de momento, podría contar con tropas marroquíes, kosovares y ugandesas, después de que otros países se hayan echado para atrás. Por otra parte, el Comité de Verificación de la Implementación, en el que habrá representantes de EEUU, la Junta de Paz, la ISF y los países mediadores. Ambos estarán bajo el mando de la Junta y, por tanto, de Trump.
Sin embargo, la aplicación del desarme estará a cargo del Comité Nacional para la Administración de Gaza, un comité tecnócrata que fue constituido a principios de año y que debería actuar como nuevo gobierno en la Franja, siempre con base en el plan de 20 puntos de Trump. A principios de julio, Hamás anunció la entrega de la gestión de la administración gazatí al NCAG (por sus siglas en inglés) que, en esta segunda fase, debería de tener especial protagonismo, si Israel le permite acceder a Gaza, algo que no ha permitido hasta el momento.Así se ha desinflado el plan de Trump para Gaza: el gran proyecto de reconstrucción se queda en un campamento piloto
Hamás ha estado negociando en los pasados meses para conseguir una concesión: no entregar las armas directamente a Israel. Por tanto, es de gran importancia para el proceso de desarme que exista un actor palestino que recolecte las armas y así lo recoge el acuerdo alcanzado recientemente en El Cairo. Ese mismo texto establece que la secuencia de las distintas fases se tendrá que detallar en una hoja de ruta que se diseñará tras la aprobación del acuerdo por las dos partes –algo que Israel no parece tener la intención de hacer, probablemente hasta las elecciones de octubre–.
La Junta de Paz de Trump adjudica su primer contrato de construcción en Gaza… y es para un barracón militar
- Información exclusiva obtenida por The Guardian indica que una empresa de Louisiana (EEUU) es la adjudicataria del contrato para construir un alojamiento rudimentario para tropas marroquíes, que formarían parte de la fuerza multinacional prevista en el plan de “paz” de Donald Trump para la Franja
- — Así se ha desinflado el plan de Trump para Gaza: el gran proyecto de reconstrucción se queda en un campamento piloto

Aram Roston
Washington —
7 de agosto de 2026 17:26 h
Actualizado el 07/08/2026 17:30 h
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La Junta de Paz de Donald Trump, creada para supervisar la reconstrucción de Gaza, ha adjudicado su primer contrato de construcción en el territorio devastado tras casi tres años de guerra: un proyecto para construir un puesto militar rudimentario con capacidad para 150 personas, destinado a albergar tropas marroquíes, según ha informado a The Guardian una fuente conocedora del contrato.Trump quiere convertir su «Junta de Paz» de Gaza en una ONU 2.0 para gobernar el mundo como un caudillo
El contrato, que aún no se ha formalizado, fue adjudicado a Arkel International, una empresa con sede en Louisiana (Estados Unidos) que ya ha trabajado con el Gobierno estadounidense en países como Irak.
En un correo electrónico, un funcionario de la Junta de Paz (presidida por el presidente de EEUU) afirmó que el organismo y un grupo de tecnócratas palestinos designados para supervisar Gaza “se encuentran en las etapas finales de la preparación de varias adjudicaciones de contratos. Ninguno se ha formalizado aún”. El grupo tecnócrata al que se refiere es el Comité Nacional para la Administración de Gaza, formado a principios de este año y supeditado a la Junta.
El funcionario escribió en ese email: “Un posible contrato se refiere a instalaciones para apoyar a la Fuerza Internacional de Estabilización, que contribuirá a la implementación de los acuerdos de seguridad y gobernanza de la hoja de ruta”. Esa hoja de ruta es el plan de 20 puntos diseñado por el equipo de Trump y aceptado por Israel y Hamás en octubre de 2025. El funcionario agregó: “Este contrato será uno de los muchos que son esenciales para el futuro de Gaza”.
La adjudicación se concede pocos días después de que Trump anunciara que Hamás había accedido a desarmarse, aunque existen serias dudas sobre cómo se aplicará el acuerdo alcanzado por el grupo islamista, la Junta de Paz y los mediadores (Egipto, Qatar y Turquía). Israel se ha opuesto al plan e intensificó los ataques aéreos contra Gaza tras el anuncio de Trump del 31 de julio.
Anteriormente, The Guardian informó de que el plan original de reconstrucción de Gaza, propuesto por la Junta, se había reducido drásticamente, pasando de un ambicioso proyecto para rehabilitar todo el territorio a un pequeño proyecto piloto en el sur de la Franja.
Un pequeña base “habitable”
La base que se está planificando ahora mide apenas 100 por 120 metros y está destinada a albergar un contingente de tropas marroquíes, que rotarían desde una base en Israel, según la fuente anónima. Estaría ubicada en el territorio de Gaza que el ejército israelí controla. Desde su retirada parcial en octubre de 2025, las fuerzas israelíes han ampliado sus dominios de poco más del 50% a más del 60% y están levantando una gran barrera de arena para delimitar esa zona.
La fuente indicó a The Guardian que la base se encuentra a aproximadamente un kilómetro y medio de la frontera israelí y que contaría con una ruta de evacuación rápida en caso de que fuera atacada.
La resolución de la ONU que respaldó el plan de Trump y la creación de la Junta de Paz había aprobado el establecimiento de una “fuerza internacional de estabilización” para Gaza. Desde entonces, han circulado diversas informaciones sobre qué países enviarían tropas. Marruecos ha prometido un pequeño contingente, pero el marco legal para la fuerza multinacional aún no se ha finalizado y no está claro cuándo comenzaría el despliegue. Su papel sería destacado si finalmente se lleva a cabo el desarme de las milicias palestinas de la Franja.
En planes contractuales vistos anteriormente por The Guardian, la base para 150 personas era la primera fase de un plan para construir una base para hasta 5.000 uniformados en Gaza. Esa base habría tenido un terraplén perimetral —o terraplén defensivo elevado—, además de instalaciones rudimentarias adecuadas para despliegues de corta duración. El contrato anterior indicaba que la primera fase consistiría en “tiendas de campaña y catres para que las fuerzas durmieran, así como baños químicos y puestos de lavado de manos. En esta fase, esto es lo que consideraríamos habitable”.
En la inauguración de la Junta de Paz, el pasado enero, el yerno de Trump, Jared Kushner, presentó un “plan maestro” para construir la “Nueva Gaza”, una extensa ciudad costera con relucientes torres de uso mixto: “Podría ser una esperanza, podría ser un destino. Mucha industria”, afirmó.
Al menos el 80% de los edificios de Gaza fueron dañados o completamente destruidos por el ejército israelí durante la guerra. Diez meses después del alto el fuego de octubre de 2025, la mayoría de los dos millones de habitantes del territorio aún viven en campamentos improvisados e insalubres. Desde entonces, más de 1.250 palestinos han sido asesinados.Así se ha desinflado el plan de Trump para Gaza: el gran proyecto de reconstrucción se queda en un campamento piloto
Texto traducido y editado por la redacción de elDiario.es
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