¿Quiénes votan a la AfD?
Han votado a AfD (Alternativa para Alemania; alemán : Alternative für Deutschland, AfD) , por tanto, quienes sienten la crisis sobre sus espaldas; quienes trabajan, quienes ven cómo la economía se paraliza, quienes tienen hijos que mantener e hipotecas que pagar. Los que carecen de garantías.


Pensamiento 8 septiembre, 2026 Vincenzo Costa
Hay, como era de esperar, mucha retórica y la habitual llamada a filas: hay que gritar «nazismo», recurrir a las citas de los filósofos de siempre —que ya resultan insoportables, de tan alejados como están y nos alejan de la realidad—.
Yo empezaría por los hechos, por la realidad, esa enemiga de una intelectualidad de izquierdas cada vez más resentida, ciega y embrutecida por su propia retórica. Una retórica que, por lo demás, resulta útil, porque para hacer carrera en la universidad y formar parte de la manada académica hay que servirse de ella: NEGAR, NEGAR, NEGAR LA REALIDAD.
Entonces, ¿el 44 % de la población de Sajonia-Anhalt es nazi? ¿Es así como debemos interpretar lo sucedido? ¿Quieren volver a las políticas raciales, abrir campos de concentración y buscar el espacio vital hacia el Este conquistando Rusia?
Veamos algunos elementos de la realidad.
AfD se opone al envío de armas a Ucrania y pide que se restablezcan unas relaciones normales con Rusia y, sobre todo, que Alemania vuelva a importar gas ruso.
Todos los demás partidos alemanes impulsan no solo el rearme, sino también la escalada y la guerra, tras haber convertido Alemania en la retaguardia productiva del conflicto y, por tanto, en un país directamente implicado en él.
Quisiera recordar que Los Verdes, a quienes alguna alma cándida todavía idealiza como un partido de izquierdas y progresista, llevarían la guerra a Europa. Son tan falsos que lloran si alguien utiliza un viejo Panda o por el pobre árbol de la esquina de su casa, pero se muestran encantados con los bombardeos, con ciudades enteras llenas de amianto reducidas a polvo, con todo tipo de devastaciones medioambientales y con millones de muertos.
Los he conocido, por cierto. Yo, imbécil de mí y adoctrinado por la izquierda italiana, proyectaba sobre ellos mis prejuicios, como si fueran camaradas. Uno era ayudante de Hans Albert, un neoliberal de tomo y lomo, un liberal de derechas, de derechas de verdad; un gilipollas que, eso sí, sentía veneración por el bosque alemán.
La gente ha votado a AfD porque era la única alternativa creíble para cualquiera que estuviera en contra del envío de armas y de la escalada. Y lo ha hecho con una política muy moderada, pues pide que la OTAN vuelva a desempeñar su función defensiva. Recordemos que una de las características del nazismo fue apostar por el rearme con fines expansionistas. Entonces, ¿quién está repitiendo aquella historia?
Pero preguntémonos: ¿quién ha votado a AfD? ¿Los viejos nazis?
AfD ha recibido un apoyo masivo entre las personas en edad laboral.
Entre quienes tienen de 35 a 44 años, el 53 % ha votado a AfD, muy por encima, por tanto, de su resultado medio. Entre los mayores de setenta años, en cambio, solo lo ha hecho el 31 %.
Han votado a AfD, por tanto, quienes sienten la crisis sobre sus espaldas; quienes trabajan, quienes ven cómo la economía se paraliza, quienes tienen hijos que mantener e hipotecas que pagar. Los que carecen de garantías.
¿Y desde el punto de vista de los ingresos?
Entre los ricos, solo el 37 % ha votado a AfD. Entre los pobres o quienes no son ricos, en cambio, nada menos que el 67 %.
Como mínimo, habría que partir de estos datos para reflexionar. Pero a la izquierda, convertida ya en una especie de séquito de La Repubblica, solo le gusta hacer propaganda, conseguir que la inviten a cenar, adentrarse en esa jerga inmunda que repite cosas que a nadie le importan y que ya nadie entiende. Y las elecciones en todo el mundo lo demuestran: la gente está harta de ese lenguaje, de ese aparato conceptual.
Pero ¡ay de quien hable de la realidad! ¡Ay de quien diga que la cultura de izquierdas ha envejecido, que la gente está harta de las cuatro fórmulas repetidas hasta la saciedad, de una cultura vieja, anclada en los años sesenta, incapaz de comprender los problemas, que los niega y vuelve una y otra vez a las mismas fantasías y consignas! Podría hacer una larga lista de las gilipolleces que oigo repetir, de los autores a quienes se cita simplemente porque hay que citarlos.
La realidad está diciendo basta a toda esta enorme acumulación de ideas que en otro tiempo tuvieron sentido, pero que hoy no son más que lugares comunes compartidos por una pequeña secta.
Si queremos hacer algo, tenemos que reconciliarnos con la realidad, comprenderla y dejar de negar los problemas.
Necesitamos una cultura diferente, que no sea una mera prolongación de la de los años sesenta.
Creedme: fuera de la universidad existe otro mundo. El mundo cambia, mientras las universidades y los académicos —sobre todo los jóvenes— se han convertido en el lugar donde crece el moho.
Fuente: Facebook.






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