Entre chupópteros tropicales e internacionales
¿Además de sobornar a los votantes con $5,000 a cambio de que voten por los candidatos republicanos en noviembre qué más ha estado haciendo el emperador de Mar-a-Lago?



Entre buscones, alicates y chupópteros. Así discurre nuestra vida en estas exuberantes latitudes caribeñas.
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¿Chupópteros?
¿Y con qué se come eso?
La Real Academia Española define el término “chupóptero” como una persona que “sin prestar servicios efectivos, percibe uno o más sueldos”.
Añade la Real Academia que el chupóptero es una persona “que se aprovecha de otras”.
Siempre al acecho.
Con el cuchillo en la boca.
Presto al tumbe.
Buscando a quien coger de mangó bajito.
Los hay tropicales, como los chupópteros que transitan por las efemérides cumpleañeras de nuestra eminentísima mandataria.
Y los hay internacionales o globales, como el ilustrísimo presidente de la gran nación americana y enemigo jurado de la estadidad para Puerto Rico, Donald Trump.
Sobre los chupópteros del patio, curtidos en el uso y abuso de la pata de cabra, hablaremos en una próxima columna.
Concentrémonos, por lo pronto, en los más recientes dichos y hechos del más tóxico de los chupópteros globales.
¿Además de sobornar a los votantes con $5,000 a cambio de que voten por los candidatos republicanos en noviembre qué más ha estado haciendo el emperador de Mar-a-Lago?
Virando al mundo patas arriba.
Metiendo las narices, peligrosamente, en algunos de los más encarnizados conflictos globales –conflictos cuya erupción definitiva desencadenará más guerra, más muerte y más lágrimas.
¿Y cuáles son esos?
Empecemos por Irán y el estrecho de Ormuz.
Allí no se sabe la hora que es.
El ala más radical del régimen iraní sigue en control del estrecho por el cual transita el 20% del petróleo mundial, mientras el precio internacional del barril continúa volátil.
El régimen de los ayatolas sigue vivito y coleando.
Y tiene temblando a los estados del golfo Pérsico, aliados históricos de Washington e invaluables productores de petrodólares, cuya única salida marítima por el estrecho de Omán ahora la controla Teherán.
Paradójicamente, el conflicto ya no se limita a las fronteras de Irán. Sus tentáculos se extienden al Líbano, Israel y Arabia Saudita.
Y todo gracias a Trump.
Mientras, en el paralelo 38 (franja divisoria entre las Coreas) todo es tensión.
Convertido en el principal alcahuete del iluminadísimo Kim Jong-un, Trump es el responsable de que Pyongyang (aliada de Moscú en su ilegal agresión contra Ucrania) hoy tenga más armamento nuclear que nunca antes.
El enchule de Trump con Kim es tal que hace unas semanas atrás anunció que en el futuro habrá una drástica disminución de las maniobras militares conjuntas entre Washington y Seúl — cosa que envalentona a Kim y debilita la alianza histórica con Corea del Sur.
Y si de alianzas históricas se trata, la de Londres y Washington hoy atraviesa su peor momento desde que los ingleses quemaron la Casa Blanca en 1814.
¿Pero qué pasó?
Pasó que Trump anda desojando margaritas con el estrafalario presidente argentino Javier Milei a ver si le arrebata las Malvinas a Inglaterra y de paso se adueña de las reservas petroleras que hay por allí.
Mientras tanto, desde Dublín, sin encomendarse a nadie, abrió la puerta para la unificación de Irlanda del Norte e Irlanda y el desmembramiento del Reino Unido, sin siquiera dialogarlo con sus aliados en Londres.
Y si de tumbes se trata, ahí la encerrona que Trump le ha hecho a Dinamarca con su insistencia en quedarse con Groenlandia, sin importarle tres pitos el derecho a la autodeterminación de su gente.
Y si de autodeterminación se trata ahí el desplante que recientemente le gastó al valeroso pueblo del Sahara Occidental cuyo reclamo de independencia echó al zafacón a cambio de que Marruecos (que reclama como suyo el territorio saharaui) pusiera el nombre suyo a una de sus carreteras principales.
Y si a usted todavía le quedaba duda que Trump es el más tóxico de los chupópteros globales, una suerte de rey Midas al revés, mire la trastada que le ha hecho al hermano pueblo venezolano.
Todavía bajo la bota del mismo gobierno bandido, corrupto y títere del cual Trump ahora es amo y señor.
¿Y qué de los chupópteros del patio?
¿Son tan venenosos como Trump?
Peores.
Sobre ellos hablaremos en la próxima columna.PUBLICIDAD
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