Amina Helmi, astrónoma: “En 20 años sabremos si estamos solos o no en el universo”

Especializada en arqueología de las galaxias, la científica acaba de ganar el premio Kavli por hallazgos determinantes respecto de cómo se formó la Vía Láctea

Amina Helmi en una imagen sin datar.Iván Jiménez (IAC)

Delfina Torres Cabreros

Buenos Aires – 28 SEPT 2026 – 05:30 AST

Cada vez que el ómnibus nocturno que la llevaba de visita a la casa de sus padres se detenía a mitad de camino, en una estación de servicio perdida de la pampa argentina, Amina Helmi (Bahía Blanca, 1970) bajaba y miraba al cielo. En medio de la llanura, sin luces que intervinieran en la visión, la joven estudiante de astronomia admiraba ese manto estrellado, la nebulosa brillante que rajaba el negro sobre su cabeza, y se maravillaba tanto de la inmensidad del universo como de la posibilidad de que ella, desde ese rincón ínfimo de la Tierra, pudiera entender algo de lo que pasaba allá afuera.

Helmi nació en Bahía Blanca, una ciudad a 650 kilómetros de Buenos Aires, de un matrimonio de inmigrantes: una madre holandesa y un padre egipcio que, invitado por un profesor ruso de su misma especialidad, llegó hasta esa ciudad para dar clases como profesor de química del suelo en la universidad. Lo que sería una experiencia de un par de años se transformó en una vida y su única hija nació y creció en Argentina, estudió en la universidad pública de La Plata (a 60 kilómetros de Buenos Aires) y en los noventa emigró a Países Bajos, un país con una fuerte tradición en astronomía, donde todavía reside.

Desde el Instituto Astronómico Kapteyn, dentro de la Universidad de Groningen, ha realizado hallazgos vinculados a la formación de la Vía Láctea que le valieron múltiples premios. El último: el prestigioso Kavli de astrofísica, creado en 2008 por la Fundación Kavli, en colaboración con la Academia Noruega de Ciencias y Letras y el Ministerio de Educación e Investigación de Noruega.

Pregunta. ¿Cuál fue su descubrimiento respecto de la formación de nuestra galaxia, la Vía Láctea?

Respuesta. Cuando yo recién empecé mi carrera, estaba este modelo cosmológico que dice que las galaxias crecen fusionándose con galaxias más chicas. Pero lo extraño era que, con cada fusión, si son galaxias de tamaños similares, el disco de esas galaxias se destruye. Entonces estaba la paradoja: ¿cómo puede haber tantas galaxias que tienen un disco, como la Vía Láctea, y haber tantas fusiones como predice el modelo? Nosotros pudimos diseñar un método para encontrar esas fusiones y modelarlas, y resolvimos esa contradicción al descubrir que esas fusiones habían sucedido hace mucho tiempo. La última gran fusión, que es uno de los descubrimientos que yo hice y bautizamos Gaia-Enceladus, ocurrió hace unos 10.000 millones de años. Desde entonces, la vida de la Vía Láctea es súper tranquila, lo que permitió que el disco creciera y se volviera tan grande como el que observamos hoy.

P. Su primer hallazgo importante fue hace unos 20 años: descubrió una pequeña corriente de estrellas (bautizada desde entonces “corriente de Helmi”) que se movía junta dentro de la Vía Láctea y le permitió anticipar lo que confirmó después a mayor escala: que venían de otra galaxia.

R. Sí. Como no sabíamos bien cómo encontrar las fusiones, desarrollé modelos para identificar, sobre una base de datos, esas estrellas que habían venido de otra galaxia, que habían sido acretadas por la Vía Láctea. Y una vez que entendí cómo encontrarlas, dije: “Bueno, ahora voy a mirar a ver si están”. Junté datos y encontré estos primeros trazos de estrellas de una galaxia que había sido canibalizada por la Vía Láctea. Y eran pocas estrellas: en aquel momento eran 13.

P. Que en el universo es nada.

R. Claro, en el universo es nada. Estaba al borde de lo creíble. Pero después hubo más datos y se confirmó el descubrimiento. Hubo que esperar 18 años.

P. ¿Por qué las estrellas pueden estudiarse, como lo hace usted desde la arqueología galáctica, como si fueran fósiles?

R. Porque las estrellas guardan memoria de dónde vienen. Por un lado, en sus movimientos: las estrellas que se formaron en la misma galaxia se mueven juntas en el espacio. Por otro lado, la composición química de su atmósfera refleja la composición química del ambiente donde se formaron. Entonces, estrellas que se formaron en el mismo ambiente tienen más o menos la misma composición química, tienen el mismo ADN. Y eso se guarda a lo largo del tiempo, no se pierde. Esa información te permite ir atrás en el tiempo. Estas historias de fusiones ocurren especialmente cuando el universo era más chico, porque había más posibilidades de que las galaxias interactuaran y las fusiones eran más comunes. La gran mayoría de las estrellas logra vivir durante muchísimo tiempo, hasta el presente, pero te cuentan la historia de cómo eran las cosas en el momento en que se formaron. Por eso son una especie de fósil.

P. Hasta hace pocos años conocíamos solo un “barrio” de la Vía Láctea, teníamos una ventana pequeña por la que observar nuestra galaxia. ¿Cuánto se amplió la visión a partir de los datos del telescopio Gaia, lanzado en 2013?

R. Si lo comparás con la situación de hace 20 años, cuando yo hice la tesis, básicamente lo único que sabíamos era lo que ocurría en las vecindades del Sol, en nuestro entorno. Ahora, con Gaia, tenemos acceso básicamente a toda la galaxia. Es un volumen que es 100.000 veces más grande. Y hay que pensarlo así: tu visión de la historia es totalmente diferente si te focalizás en lo que pasó en tu ciudad que si conocés la historia del mundo. Bueno, esto es igual. De pronto entendés cosas, te das cuenta de que hay cosas que son peculiares y podés encontrar muchos más restos de galaxias canibalizadas.

P. ¿Tener herramientas para mirar cada vez a más distancia es determinante?

R. Al Sol lo vemos como era hace ocho minutos, porque está a 150 millones de kilómetros y la luz tarda ese tiempo en llegar. Cuanto más lejos te vas, más tarda la luz en llegar. Entonces, cuando observás galaxias muy distantes, en realidad estás mirando el pasado: cómo fue el universo. Lo que tiene la Vía Láctea es esta posibilidad que mencionaba de los fósiles: de alguna forma, tenés la posibilidad de estudiar, a partir de estrellas cercanas, cómo era el universo antes. Son dos formas complementarias de entender lo que pasó cuando el universo era más joven.

P. Así como me decía que Gaia amplió la ventana a la Vía Láctea, ¿qué nos podría mostrar este supertelescopio que están produciendo en Chile, el ELT?

R. El ELT va a permitir que preguntas similares a las que nos hacemos ahora en la Vía Láctea podamos hacerlas observando estrellas individuales en otras galaxias mucho más distantes, que hoy no se pueden observar. Entonces, teniendo información de las estrellas individuales, podés hacer este tipo de arqueología, pero con otras galaxias. Y hay galaxias que son muy diferentes de la Vía Láctea, de las cuales no entendemos muy bien cómo se formaron. De pronto vamos a tener acceso a una vecindad mucho más grande del universo local. Eso es por el lado de lo que yo hago, pero también, en términos de detección y caracterización de planetas alrededor de otras estrellas, el ELT va a ser fundamental.

P. ¿Podremos empezar a responder la pregunta de si estamos solos o no en el universo?

R. Sí, esa es la idea. No sabemos bien qué es lo que hay allá afuera, pero por ahí hay sorpresas y se descubren cosas. Yo creo que de acá a 20 años vamos a saber si estamos solos o no en el universo. Tal vez, 30.

P. ¿Cree que puede haber otros planetas como la Tierra?

R. Sí. En los últimos 20 años, lo que hemos descubierto es que los planetas alrededor de las estrellas son muy comunes: cada estrella puede tener uno o más. El tema es que el planeta tiene que estar a determinada distancia de la estrella para que haya, por ejemplo, agua en estado líquido; las temperaturas no tienen que ser demasiado altas. Tiene que haber condiciones favorables para el desarrollo de la vida. La vida llevó mucho tiempo en desarrollarse en la Tierra. Entonces, es posible que lo que encontremos en esos planetas esté en una etapa totalmente diferente. Puede ser como era la Tierra hace, no sé, 2.000 millones de años.

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