Ni son gigantes ni van a la deriva: descubren que la Antártida tiene 39.619 icebergs ocultos que la mantienen anclada
Investigadores del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos revelan que 40.000 icebergs ocultos están anclados al lecho marino, estabilizando el hielo frente al cambio climático



Investigadores del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos han cambiado la forma de entender el comportamiento polar tras mapear casi 40.000 bloques de hielo estacionarios. Este hallazgo, basado en el uso de inteligencia artificial y radar satelital, aparece en un informe de Earth System Science Data donde se muestra cómo estas masas sólidas en realidad no van a la deriva por el océano.
Los llamados icebergs en tierra encallan de forma constante en el fondo marino antártico y consiguen mantenerse fijos durante décadas sin desplazarse. Esta inmovilidad resulta vital porque funciona como un potente freno natural para el hielo marino. Al quedar sujeto, evita que la masa de hielo continental resbale rápidamente hacia el agua. Además, esta red estructural genera un refugio biológico donde prosperan diversos nutrientes indispensables para los organismos de la zona.
A pesar de su trascendencia ambiental, hasta hace poco no existía un registro exhaustivo ni detallado a gran escala sobre estas formaciones. El proyecto de maestría desarrollado por Kaihong Jiao en la Australian Antarctic Program Partnership de la Universidad de Tasmania permitió transformar este campo de estudio. Gracias a un enfoque moderno, el equipo científico logró dejar atrás la tediosa revisión manual de imágenes para dar paso a un inventario digital sumamente preciso.

El calor extremo transformó temporalmente el paisaje antártico: la nieve se derritió, aparecieron zonas rocosas y la lluvia cayó sobre glaciares que deberían estar acumulando hielo.
«Tradicionalmente, la monitorización de icebergs se ha basado en gran medida en el análisis manual de imágenes de satélite«, dijo Jiao al explicar los motivos del proyecto. El especialista detalló el objetivo principal de la investigación desarrollada con las autoridades oceanográficas: «El objetivo de mi proyecto era desarrollar un mapeo automatizado preciso en todo el continente de la distribución y el tamaño de los icebergs conectados a tierra, y eso es lo que hicimos».
Análisis cuantitativo de la costa
Los satélites Sentinel-1 registraron exactamente 39.619 icebergs en tierra distribuidos a lo largo del 57% del litoral polar durante 2025. Toda esa superficie combinada suma unos 13.430 km2 de hielo bloqueado, aunque la concentración no es homogénea en el mapa. Tan solo el 14% del perímetro costero acumula el 80% de estas moles congeladas. Esto confirma la presencia de puntos estratégicos donde la geografía submarina retiene masas heladas de forma prioritaria.

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Rubén Moreno
El procesamiento informático ha permitido identificar ejemplares de dimensiones reducidas que antes pasaban inadvertidos para la ciencia. Las herramientas avanzadas fijaron un límite de detección mínimo de tan solo 1,6 ha en las observaciones. Sorprendentemente, estas piezas pequeñas representan el 93% de todos los fragmentos encallados en el lecho marino y abarcan el 54% del área fija registrada por los instrumentos orbitales.
Mecanismo de protección y vulnerabilidad
Estos bloques menores actúan como una barrera compacta en aguas poco profundas mediante el denominado efecto de cerca de piquete. Funcionan como verdaderos postes de contención que atrapan las capas heladas y evitan que se fracturen frente al embravecido Océano Austral. Si estos soportes físicos no mantuvieran su posición rígida, las plataformas interiores perderían su protección natural y terminarían destruyéndose a un ritmo mucho más acelerado.
Sin embargo, la fragilidad de estas piezas de menor tamaño plantea serios desafíos frente al aumento global de las temperaturas. Los fragmentos pequeños sufren una mayor probabilidad de derretimiento acelerado, lo que causaría su desprendimiento del lecho marino antes de lo previsto. «Nuestro conjunto de datos público ofrece una nueva línea de base crucial para modelar la estabilidad del hielo costero y comprender los cambios ambientales más amplios«, concluyó Jiao.
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