Qué pasó en los países en los que EE.UU. intervino militarmente en Medio Oriente y el norte de África en las últimas décadas

Estados Unidos vuelve a la guerra en Medio Oriente, una región con un largo historial de intervenciones militares en las que Washington ha estado implicado de alguna manera y que obtuvieron resultados dudosos.

Gilles BASSIGNAC/Gamma-Rapho via Getty Images
    • Paula Rosas
    • Título del autor,BBC News Mundo
  • 7 horas
  • Tiempo de lectura: 10 min

En el ataque lanzado el 28 de febrero contra Irán resultó muerto el líder supremo del país, Alí Jamenei, uno de los objetivos del presidente Donald Trump, quien se ha propuesto acabar con el programa nuclear iraní y provocar un cambio de régimen en la República Islámica.

Trump no es el primero en intervenir en la región.

Sus antecesores, George Bush (padre e hijo) y Barack Obama, ya lo hicieron antes con Sadam Hussein en Irak, o con Muamar el Gadafi en Libia, autócratas cuyo derrocamiento no trajo, sin embargo, democracia o libertades a sus países, sino un periodo de guerra civil e inestabilidad que aún dura hasta nuestros días.

En Siria, Estados Unidos ayudó a acabar con el autodenominado Estado Islámico, pero tras la caída de Al Asad en 2024, otros grupos islamistas tomaron el poder.

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Mientras, en Afganistán, el régimen del Talibán regresó al poder en 2021 tras casi dos décadas de intervención estadounidense en el país.

En un célebre artículo de 2015, Philip Gordon, diplomático y asesor de seguridad durante la presidencia de Obama, resumía así las intervenciones de su país en la región:

«En Irak, Estados Unidos intervino y ocupó el país, y el resultado fue un desastre muy costoso. En Libia, Estados Unidos intervino pero no ocupó el país, y el resultado fue un desastre muy costoso. En Siria, Estados Unidos no intervino ni ocupó el país, y el resultado es un desastre muy costoso».

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Costoso no solo para el propio Washington, sino para toda la región, opinan los expertos.

«La inestabilidad en la región se debe en gran medida a las intervenciones exteriores», explica a BBC Mundo Ibrahim Awad, profesor de Asuntos Globales de la Universidad Americana de El Cairo.

Si bien Irak, Afganistán, Libia, Siria o Yemen eran países con graves problemas de gobernanza o con regímenes autoritarios, estos no eran asuntos, en opinión de Awad, «que pudieran resolverse mediante una intervención extranjera».

En las últimas décadas, Estados Unidos ha intervenido militarmente en varios países de Medio Oriente y el norte de África, a veces como actor principal y otras en las que ha tenido un papel más puntual o ha formado parte de una coalición más amplia.

Recordamos aquí las principales.

Irak (1991 y 2003-2011)

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En las últimas décadas, Estados Unidos ha intervenido militarmente en varias ocasiones contra Irak.

Cuando el país que lideraba Sadam Hussein invadió Kuwait en 1990 para hacerse con sus recursos petroleros y fortalecer su posición regional, una coalición militar liderada por Washington y respaldada por la ONU desplegó su enorme superioridad militar en la conocida como Operación Tormenta del Desierto.

Con una intensa campaña aérea y una rápida intervención terrestre, la coalición logró liberar Kuwait y expulsar en pocas semanas a los iraquíes, que con Hussein aún en el poder tuvieron que enfrentarse a sanciones y a un periodo de inestabilidad interna que avivó tensiones sectarias.

La operación se consideró un éxito militar que consiguió restablecer el derecho internacional. Al ser la primera tras la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría, la Guerra del Golfo también inauguró una nueva era de intervenciones militares de Estados Unidos, estableciendo un nuevo orden mundial en el que Washington no tenía rival.

En 2003, otra coalición liderada por Estados Unidos y Reino Unido invadió Irak con el argumento de que el régimen supuestamente tenía armas de destrucción masiva y que tenía vínculos con el terrorismo internacional.

Las armas nunca se encontraron. La coalición llegó a Bagdad en pocas semanas y Sadam Hussein fue detenido y ejecutado.

Soldados de EEUU con una bandera iraquí capturada.
Pie de foto,Soldados de EEUU con una bandera iraquí capturada.

Pero el país se sumió en una profunda crisis de violencia, que se vio espoleada por la insurgencia, la lucha sectaria entre sunitas, chiitas y kurdos, y la aparición de grupos extremistas que desembocaron en la creación del autodenominado Estado Islámico, que entre 2014 y 2015 llegó a hacerse con el control de un tercio del territorio de Irak y la mitad del de Siria.

El hecho de que no se hubiera previsto un plan sólido para el día después de la invasión, sumado a errores estratégicos, como el desmantelamiento del ejército y las fuerzas de seguridad iraquíes, que dejó a miles de hombres armados sin trabajo, muchos de los cuales se unieron a la insurgencia, contribuyeron a la inestabilidad que aún sacude el país.

Según el proyecto Iraq Body Count, que lleva un recuento de los muertos en el país desde 2003, al menos 300.000 personas fallecieron, entre civiles y combatientes, como consecuencia directa de la violencia desatada. Otras organizaciones consideran que la cifra es mucho mayor.

La intervención de Estados Unidos «resultó en una fragmentación de Irak siguiendo líneas comunitarias, que son la negación de un sistema político democrático, moderno y laico, y en una guerra civil en la que cientos de miles perdieron su vida y en la que aparecieron organizaciones como como el ISIS (Estado Islámico)», resume Ibrahim Awad.

Afganistán

Personas evacuadas en un avión militar estadounidense del aeropuerto de Kabul después de que los talibanes tomaran la capital afgana.
Pie de foto,Miles de personas trataron de abandonar Kabul cuando la capital afgana fue tomada por los talibanes en 2021, como estas evacuadas en un avión de la fuerza aérea de EE.UU.

En 2001, Estados Unidos lanzó en Afganistán, en coalición con otros países miembros de la OTAN, la operación Libertad Duradera contra el régimen del Talibán.

Washington decidió invadir luego de que este movimiento fundamentalista islámico – que se había hecho con el control del país en 1996- se negó a entregarle a Osama Bin Laden, líder del grupo Al Qaeda que perpetró los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono.

La intervención logró derrocar al régimen talibán en pocas semanas e instalar un nuevo gobierno respaldado por la comunidad internacional, pero eso no puso fin a la guerra.

El conflicto se prolongó durante más de dos décadas porque los talibanes, lejos de desaparecer, lograron reagruparse y seguir combatiendo contra las tropas estadounidenses y de la OTAN.

En 2020, con mucho terreno ya perdido, EE.UU. negoció con los talibanes su retirada del país, que se inició en mayo del año siguiente y se aceleró tras la toma de Kabul por parte de los islamistas en agosto de 2021.

La guerra en Irak, que comenzó en 2003, desvió mucha atención y recursos militares estadounidenses fuera de Afganistán.

Además, el objetivo principal pasó de ser acabar con Al Qaeda a un proyecto de «construcción nacional», para el que, como sucedió también en Irak, la intervención no había previsto una estrategia clara ni un consenso sobre cómo lograrlo.

El nuevo ejército y fuerza policial que se crearon tras el derrocamiento de los talibanes eran muy débiles y dependían de la financiación y apoyo de las fuerzas occidentales, por lo que colapsaron rápidamente cuando estas se retiraron y no lograron hacer frente al avance de los fundamentalistas, que finalmente retomaron el poder.

Más de 176.000 personas murieron (entre civiles, militares afganos, combatientes talibanes y tropas occidentales) como resultado directo de los 20 años de intervención estadounidense en Afganistán y la violencia ligada a ese conflicto, según las cifras de Costs of War Project, de la universidad de Brown, en Estados Unidos.

Este cálculo no tiene en cuenta las muertes por enfermedades o hambruna derivadas de esa inestabilidad que, según otros baremos, ascenderían a muchas más.

Libia

Muamar al Gadafi.
Pie de foto,Gadafi fue capturado y asesinado por los rebeldes en octubre de 2011.

El líder libio Muamar Gadafi fue otro de los dictadores derrocados tras una intervención militar en la que participó Estados Unidos en 2011.

Su derrota se enmarca en la Primavera Árabe, cuando las protestas populares contra el régimen que Gadafi lideraba con puño de hierro desde 1969 fueron reprimidas violentamente.

Estalló entonces un conflicto entre las fuerzas del régimen y grupos rebeldes, que se fue extendiendo por todo el país.

En respuesta, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una zona de exclusión aérea y Estados Unidos se sumó a una coalición, en la que también participaron otros aliados de la OTAN como Reino Unido y Francia, de quien había partido la iniciativa, para ayudar a los rebeldes, proteger a la población civil y bombardear a las tropas del régimen.

Los rebeldes consiguieron tomar Trípoli y capturar y matar a Gadafi en octubre de 2011. Pero, como sucedió en Afganistán o en Irak, el conflicto no se acabó ahí.

La caída de Gadafi dejó un vacío de poder para el que la coalición no había previsto una solución. Propició, además, el ascenso de distintos grupos y milicias armadas, entre ellos grupos extremistas como el Estado Islámico.

Las tropas internacionales, que no querían una nueva y costosa intervención prolongada, pusieron fin a las operaciones de combate tras la muerte del dictador, y se limitaron a prestar apoyo de asesoramiento y entrenamiento, con algún ataque aéreo puntual contra los extremistas.

Para Awad, que dirige Centro de Estudios de Migraciones y Refugiados de la Universidad Americana de El Cairo, la intervención en Libia se hizo «sin ningún plan para gobernar el país, lo que resultó también en un conflicto interno», y con graves repercusiones económicas, porque Libia era un país exportador de petróleo y receptor de migración.

El país sigue hoy dividido y sumido en la inestabilidad, con un Gobierno de Unidad Nacional establecido en Trípoli y con reconocimiento internacional, pero que no controla todo el país, fragmentado entre diferentes estructuras de poder.

Siria

Una soldado estadounidense coloca una bandera de su país en un vehículo militar en Siria.

Siria fue otro de los países sacudidos por la Primavera Árabe, esa ola de protestas populares que buscaban democracia y acabar con los regímenes autoritarios que se dio en varios países árabes en 2011.

El régimen de Bashar al Asad reprimió las protestas pacíficas con violencia, desatando una guerra civil que se prolongó durante más de 15 años y que hoy, a pesar de que el régimen cayó, aún no ha terminado.

La guerra se acabó convirtiendo en un conflicto multifacético, con actores internos y externos. Una constelación de distintos grupos, como milicias aliadas del régimen, rebeldes moderados, fuerzas kurdas y grupos fundamentalistas islámicos como Al Qaeda y el Estado Islámico se disputaron el territorio, cambiando constantemente el mapa de poder del país.

Pero no estuvieron solos: Rusia e Irán apoyaron militarmente a las fuerzas del régimen, mientras que Turquía armó, entrenó y financió a grupos rebeldes sunitas en su lucha contra las fuerzas gubernamentales.

En 2014, Estados Unidos también entró en el conflicto, con el objetivo principal de combatir al Estado Islámico, que llegó a controlar la mitad del territorio de Siria y un tercio de Irak, donde entrenaban a terroristas que luego atentaron en Europa y otros lugares.

Los bombardeos de EE.UU. lograron debilitar a los extremistas, que perdieron el control territorial de Siria y cuyas fuerzas, aunque no habían desaparecido por completo, estaban muy diezmadas.

Washington también prestó apoyo a grupos rebeldes, principalmente las Fuerzas Democráticas Sirias, en el Kurdistán, e incluso, durante el primer mandato de Donald Trump, se realizaron ataques puntuales en 2017 con misiles Tomahawk para castigar al gobierno de Bashar al Asad por presuntos ataques químicos contra la población civil, aunque no buscaron directamente derrocar al régimen.

En contraste, años antes a Barack Obama se le reprochó el no haber actuado con mayor fuerza cuando el régimen de Al Asad traspasó las «líneas rojas» que EE.UU. había marcado y utilizó armas químicas contra su propia población en 2013.

También se le criticó a Obama que no hubiera sido más contundente con el mandatario sirio quien, gracias a la ayuda de Rusia, consiguió mantenerse en el poder hasta que a finales de 2024, el grupo rebelde Hayat Tahrir al Sham, liderado por Ahmed Sharaa, lograra llegar a Damasco y el régimen se derrumbó como un castillo de naipes.

Estados Unidos ha establecido relaciones con el nuevo gobierno interino liderado por El Sharaa, un antiguo líder del Frente al Nusra (una rama de Al Qaeda, con la que luego rompió), por el que Washington ofrecía en su momento una recompensa de US$10 millones.

Aunque el nivel de violencia ha descendido, el país sigue muy dividido y en un equilibrio precario.

Yemen

Yemen

Estados Unidos también ha intervenido en repetidas ocasiones en Yemen con operaciones antiterroristas contra la rama de Al Qaeda en la Península Arábiga desde los atentados del 11-S.

Yemen se sumió en un conflicto civil en 2014 después de que los rebeldes hutíes, respaldados por Irán, se hicieran con el control de la capital, Saná.

Cuando en 2015, una coalición de países árabes liderada por Arabia Saudita intervino contra los rebeldes, Washington les vendió armas y brindó apoyo logístico y de inteligencia, aunque no desplegó tropas sobre el terreno.

La insurgencia hutí es un movimiento chiita que actualmente controla alrededor del 30% del territorio de Yemen, donde impuso un régimen fundamentalista y represor acusado de graves violaciones de derechos humanos.

En el contexto de la guerra de Gaza, el grupo lanzó una serie de ataques contra la navegación en el Mar Rojo, lo que motivó a Estados Unidos, en coordinación con aliados como Reino Unido, a bombardear posiciones e infraestructuras militares hutíes para proteger el transporte marítimo.

Yemen es país es el más pobre de Medio Oriente y está sumido en una profunda crisis humanitaria que se ha visto agravada por años de inestabilidad.

Hasta 2023, más de 377.000 personas habían perdido la vida, según la organización Campaing Against Arms Trade, la mayoría debido a las consecuencias indirectas del conflicto, como el hambre, las enfermedades y la falta de acceso a servicios básicos.

Casi el 80% de la población depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir, y hay más de cuatro millones de niños fuera del sistema escolar, según datos de la ONU.

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Cuáles son las diferencias entre sunitas y chiitas que están en el trasfondo de los conflictos en Medio Oriente

Un grupo de personas se manifiesta en Teherán contra los ataques de Estados Unidos e Israel. Alzan el puño y gritan. Muestran banderas de Irán y una mujer el retrato de un hombre con barba.
Pie de foto,La mayoría de los iraníes son chiitas.

Información del artículo

    • Autor,Redacción
    • Título del autor,BBC News Mundo
  • 6 marzo 2026
  • Tiempo de lectura: 6 min

Es la gran división del mundo musulmán: sunitas y chiitas.

La respuesta iraní a los ataques de Israel y Estados Unidos, lanzando misiles y drones a sus vecinos de mayoría sunita aliados de Washington en la región ha vuelto a poner de manifiesto que las tensiones políticas y religiosas tradicionales en Medio Oriente siguen vigentes y marcan las posturas de los diversos actores.

Para muchos analistas, las diferencias entre ambas ramas del Islam son un claro recordatorio de lo complejo de las relaciones entrelos dos principales rivales en Medio Oriente: Arabia Saudita e Irán.

Antes de que los ataques combinados de Estados Unidos e Israel pusieran al régimen islámico en la cuerda floja, ambos países estaban enfrascados en una feroz lucha por el dominio regional y esta disputa de décadas se vio agravada por la división religiosa.

Cada uno de ellos sigue una rama: Irán es en gran medida musulmán chiita, mientras que Arabia Saudita se ve a sí misma como la principal potencia musulmana sunita.

Su enfrentamiento también se vio reflejado en el conflicto reciente entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, y ahora de nuevo en la reacción de los diferentes actores a los ataques de Israel y Estados Unidos que se cobraron entre otras muchas la vida del líder supremo iraní, Alí Jamenei.

Tras el ataque que acabó con Jamenei, Hezbolá lanzó en represalia misiles y cohetes sobre la ciudad israelí de Haifa, abriendo así un nuevo foco de conflicto. Israel respondió atacando a Hezbolá en territorio libanés.

La milicia libanesa Hezbolá está formada por chiitas y es aliada del Irán de los ayatolás, que la ha apoyado y financiado durante años.

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Otro grupo chiita en esta región convulsa son los hutíes de Yemen, que también son aliados de Teherán. Aunque aún no han respondido con hostilidades al ataque contra Irán, los estrategas estadounidenses e israelíes temen que acaben implicándose con ataques a los buques que transitan por el estratégico estrecho de Ormuz, como ha hecho en el pasado.

Rivales de Irán son, en cambio, los kurdos, sunitas considerados un pueblo sin Estado que viven repartidos por países como Irak, Turquía o el propio Irán.

Grupos de opositores kurdos en el exilio dijeron a la BBC que ya han hecho planes para entrar en territorio iraní y sumarse a la lucha contra las fuerzas de los ayatolás.

Mohamed bin Salman
Pie de foto,Mohamed bin Salman es el actual príncipe heredero de Arabia Saudita, un país de mayoría sunita.

La división entre sunitas y chiitas se remonta al año 632 y a la muerte del profeta Mahoma, que derivó en una pugna por el derecho a liderar a los musulmanes que, en cierta forma, continua hasta el día de hoy.

Si bien ambas ramas han coexistido por siglos, compartiendo muchas creencias y prácticas, sunitas y chiitas mantienen importantes diferencias en materia de doctrina, rituales, leyes, teologías y organización.

Sus respectivos líderes también acostumbran a competir por influencia.

Y de Siria a Líbano, pasando por Irak y Pakistán, muchos conflictos recientes han enfatizado o incluso agravado esta división, rompiendo comunidades enteras.

Te explicamos en qué consisten estas dos ramas del Islam y sus principales diferencias.

¿Quiénes son los sunitas?

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Los sunitas son mayoría entre los musulmanes -se estima que aproximadamente el 90% pertenecen a esta corriente- y se ven a ellos mismos como la rama más tradicional y ortodoxa del Islam.

De hecho, el nombre de suní o sunita proviene de la expresión «Ahl al-Sunna»: la gente de la tradición.

En este caso, la tradición hace referencia a prácticas derivadas de las acciones del profeta Mahoma y sus allegados.

Así, los sunitas veneran a todos los profetas mencionados en el Corán, pero particularmente a Mahoma, quien es considerado el profeta definitivo.

Y los subsecuentes líderes musulmanes son vistos como figuras temporales.

Por lo demás, en contraste con los chiitas, los maestros y líderes religiosos sunitas han sido históricamente controlados por el Estado.

Y la tradición sunita, que tiene su máxima expresión en Arabia Saudita, también propugna un sistema legal islámico claramente codificado, así como la pertenencia a una de cuatro escuelas legales.

¿Quiénes son los chiitas?

Ayatola Jamenei
Pie de foto,Irán es la principal potencia de mayoría chiita.

Los chiitas empezaron como una facción política: literalmente «Shiat Ali» o el partido de Ali.

El Ali en cuestión era el yerno del profeta Mahomay los chiitas reclaman su derecho, y el de sus descendientes a liderar a los musulmanes.

Ali murió asesinado como resultado de las intrigas, violencia y guerras civiles que marcaron su califato.

Y a sus hijos, Hassan y Hussein, se les negó lo que ellos consideraban su derecho legítimo de sucederlo.

Se cree que Hassan fue envenenado por Muawiyah, el primer califa -es decir, líder de los musulmanes- de la dinastía Umayyad, mientras que su hermano Hussein murió, junto a varios miembros de su familia, en el campo de batalla.

Estos eventos están detrás del concepto chiita de martirio y de sus rituales de duelo.

De hecho, la fe chiita también se caracteriza por un distintivo elemento mesiánico.

Y los chiitas también cuentan con una jerarquía de clérigos que practican una interpretación abierta y constante de los textos islámicos.

Chiita en Arabia Saudita
Pie de foto,Las minorías chiitas en los países sunitas como Arabia Saudita suelen pertenecer a una clase socioeconómica más baja.

Se estima que los chiitas actualmente suman entre 120 y 170 millonesde fieles, aproximadamente una décima parte de todos los musulmanes.

Son la mayoría de la población en Irán, Irak, Bahréin, Azerbaiyán y, según algunas estimaciones, Yemen.

Pero también hay importantes comunidades chiitas en Afganistán, India, Kuwait, Líbano, Pakistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos.

El líder supremo iraní ejercía un notable ascendiente espiritual entre millones de chiitas que lo consideran el intermediario entre los fieles y el mahdi, el imán oculto que según sus creencias reaparecerá al final de los tiempos.

¿Qué rol ha jugado esta división en los conflictos políticos?

En los países gobernados por sunitas, los chiitas por lo general se cuentan entre los más pobres de la sociedad y se ven a sí mismos como víctimas de opresión y discriminación.

Y algunos extremistas sunitas también han llegado a predicar odio hacia los chiitas.

La revolución iraní de 1979, por su parte, lanzóuna agenda islamista radical de vertiente chiitaque vino a retar a los gobiernos sunitas conservadores, particularmente en el Golfo Pérsico.

Y la política de Teherán de apoyar a partidos y milicias chiitas más allá de sus fronteras fue compensada por los estados del Golfo con más apoyo a gobiernos y movimientos sunitas en el exterior.

Personas quemando bandera EEUU
Pie de foto,La división determina alianzas y enemigos en Medio Oriente.

Por ejemplo, durante la guerra civil en Líbano, los chiitas adquirieron protagonismo gracias a las actividades militares de Hezbolá.

Y extremistas sunitas, como el Talibán, han hecho lo propio en Pakistán y Afganistán, donde a menudo atacan los lugares de culto de los chiitas.

Los recientes conflictos en Irak y Siria también adquirieron tintes sectarios.

Muchos jóvenes sunitas se sumaron a los grupos rebeldes para combatir en esos países, reproduciendo la ideología extremista de lo que fuera al-Qaeda, grupo de vertiente sunita.

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«Va ser un día increíble»: Trump afirma que, después de Irán, Cuba será la siguiente «en caer»

Un mural derruido del Che Guevara en una casa de La Habana.
Pie de foto,El presidente de EE.UU. da por un hecho el colapso del régimen cubano.

Información del artículo

    • Autor,Will Grant
    • Título del autor,Corresponsal de la BBC en México, Centroamérica y Cuba
  • 28 minutos
  • Tiempo de lectura: 5 min

Al día siguiente de que Cuba se viera paralizada por otro apagón nacional de 24 horas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que el país era el siguiente objetivo de su administración, afirmando que era «solo cuestión de tiempo» antes de que se produjera un cambio en la isla.

El jueves, frente a Lionel Messi, Luis Suárez y las demás estrellas del Inter de Miami, con aspecto incómodo, Trump le aseguró al dueño del equipo de fútbol, el magnate cubano Jorge Mas, que pronto estarían «celebrando lo que está pasando en Cuba», y añadió que las autoridades cubanas «quieren llegar a un acuerdo. Tan desesperadamente que no tienes idea».

«Va a ser un día increíble», respondió Mas.

Posteriormente, en una conversación con la cadena de noticias estadounidense CNN el viernes, Trump dijo: «Cuba va a caer muy pronto».

El mandatario republicano añadió que los líderes de la isla están negociando un acuerdo y que «va a poner a Marco (Rubio) allí y veremos cómo funciona».

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Tras admitir que la atención se centraba hoy en Irán, el mandatario republicano añadió: «Tenemos mucho tiempo. Cuba está lista, después de 50 años».

Si bien el plazo exacto no está claro, lo que se desprende de las últimas declaraciones de Trump es que él y su administración pretenden mantener la presión sobre Cuba como parte clave de sus planes en la región.

Una pila de basura en una de las calles de La Habana en noviembre de 2025.
Pie de foto,La basura se acumula en las calles de las ciudades y pueblos cubanos, debido a que no hay combustible para movilizar los camiones que la recogen.

La referencia a enviar al secretario de Estado «allá» podría insinuar un posible viaje para negociaciones cara a cara.

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Si bien esto parece inicialmente improbable, este ha sido un año de acontecimientos improbables en las Américas, comenzando con la destitución forzosa de Nicolás Maduro en Venezuela el 3 de enero.

Tras la acción militar estadounidense en Venezuela, Cuba, su aliado regional más cercano, perdió su principal fuente de petróleo.

Bajo la presión de la administración Trump, ninguno de los demás socios energéticos de Cuba, en particular México, ha podido intervenir para cubrir la brecha en el suministro de crudo que dejó Venezuela.

La evidencia de la crisis de combustible es cada vez más evidente a lo largo y ancho de la isla.

Un generador de energía frente a una tienda de La Habana.
Pie de foto,Las autoridades han permitido a los privados importar combustible para evitar la paralización total de la economía.

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Con solo una pequeña parte de los camiones de basura operando, las desperdicios se amontonan en las calles.

Ante el temor de una crisis generalizada de salud pública, algunos residentes han recurrido a quemar montones de desechos por la noche, llenando las calles de humo acre.

Incluso en las zonas más pudientes de la capital, La Habana, la gente ha estado cocinando con leña durante los apagones.

La falta de combustible no solo dificulta el funcionamiento de los automóviles, sino también de los generadores.

Pocos residentes tienen paneles solares o alguna otra opción más allá de la deteriorada red eléctrica de la era soviética. Las plantas termoeléctricas de la isla simplemente no pueden generar suficiente electricidad para el consumo doméstico sin petróleo.

En ese contexto, Trump y Rubio han indicado repetidamente que no es el momento de aflojar la presión sobre la isla.

La presión podría ser una estrategia para debilitar a Cuba en la mesa de negociaciones.

Los críticos afirman que los cubanos de a pie son los más afectados por esta política, no los líderes, y se preguntan si la estrategia está diseñada para provocar algún tipo de levantamiento interno en la isla.

Unos bloques de apartamentos en La Habana totalmente a oscuras en la noche.
Pie de foto,En los últimos días, el país ha sufrido nuevos apagones que han dejado a todo el país sin energía eléctrica.

Por su parte, el gobierno cubano no ha confirmado los rumores de conversaciones con la administración Trump.

Se ha informado que el punto de contacto en La Habana ha sido Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto del anciano líder revolucionario, Raúl Castro.

Dado el sufrimiento que enfrenta el pueblo cubano, el gobierno ha autorizado algunas medidas limitadas para permitir que el sector privado del país importe el combustible que necesita para operar sus negocios.

Sin embargo, los cubanos se muestran escépticos sobre si esto marcará una diferencia significativa en la crisis, ya que a nivel nacional estas importaciones solo representan una fracción de lo que la isla necesita para operar.

Mientras tanto, el turismo, el principal motor económico de la isla, se ha visto afectado, ya que los aviones no pueden reabastecerse de combustible en La Habana.

Air France se ha convertido en la última aerolínea internacional en suspender sus vuelos a Cuba debido a las dificultades.

Como el clima se mantiene templado en Cuba, al menos la gente puede dormir sin electricidad.

Pero a muchos les preocupa cómo reaccionará la gente con las intensas temperaturas del verano sin aire acondicionado ni ventiladores.

raya gris

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