Trump busca una salida para evitar una nueva crisis energética
El petróleo se dispara. Los carburantes se encarecen como consecuencia de la guerra de Irán pese a las promesas del presidente de Estados Unidos



Washington – 10 MAR 2026 – 00:45 ASTDesplegar Redes Sociales
La escalada del precio del petróleo y el consecuente encarecimiento de los carburantes ha atrapado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una tesitura de difícil escapatoria. El precio de la gasolina ha escalado en la última semana un 17% y el diésel un 22% hasta alcanzar precios que no se veían desde 2024, en torno a los 3,5 dólares el galón (3,78 litros). La agitación en los mercados energéticos amenaza con propinar otro fenomenal golpe a su política económica, tras el varapalo del Supremo a los aranceles, porque el republicano ha convertido la lucha contra la inflación y la rebaja de los combustibles en una de sus prioridades.

El presidente hace uso de su arma más potente, su retórica. Durante una entrevista en la CBS ha asegurado que la guerra de Irán está “prácticamente terminada”, unas palabras que parecen haber tenido el efecto de un sortilegio, porque inmediatamente los mercados han reaccionado con euforia. La Bolsa, que cotizaba en rojo, ha vuelto a registrar ganancias. El petróleo West Texas Intermediate (WTI), que llegó a rozar los 120 dólares de madrugada, cotiza por debajo de los 90 dólares. Las palabras del mandatario estadounidense se producen pese a que solo tres días antes dijo que no habrá acuerdo sin “rendición incondicional” del régimen de Teherán, algo que no parece tan fácil. Así que el efecto del conjuro de Trump puede ser efímero si no se confirma con hechos. La formidable volatilidad en el mercado energético solo confirma la histeria de los inversores.
Hace tan solo 15 días, Trump hizo un ejercicio de autopromoción, algo nada extraño en él, durante su discurso del Estado de la Unión. Allí, en el Congreso, ante varios cientos de senadores y congresistas, enfatizó que, en 12 meses, la Administración había reducido la inflación al nivel más bajo en más de cinco años. “La gasolina, que alcanzó un máximo de más de seis dólares por galón en algunos Estados bajo mi predecesor, ahora está por debajo de los 2,30 dólares por galón en muchos Estados. En algunos lugares, está en 1,99 dólares. Y cuando visité Iowa hace algunas semanas, hasta vi un galón a 1,85 dólares”, pronunció.

Durante la campaña electoral que le llevó de vuelta a la Casa Blanca, hace algo más de un año, percutió insistentemente con lo cara que estaba la gasolina bajo el Gobierno del demócrata Joe Biden. Aseguró que cuando él regresara al Despacho Oval lograría abaratar los precios de los carburantes y acuñó el lema “Drill, baby, drill” (Perfora, querida, perfora), como metáfora de su política energética por la que, aumentando la producción de crudo, reduciría su precio. Un analista explica que en Estados Unidos el precio de la inflación y la sensación de pérdida de poder adquisitivo están ligados al precio de la gasolina.
Solo dos semanas después del discurso de la Unión y tras lanzar las bombas sobre Teherán, la situación no es tan brillante como dibujó Trump y está lejos de ser “la época dorada” que describió. El petróleo se ha disparado. Este lunes alcanzó los 120 dólares por barril, casi el doble que hace un mes, aunque luego se moderó ante los rumores de que el G-7 se planteaba liberar un volumen de reservas de emergencia sin precedentes en la historia y que Estados Unidos podía intervenir en el mercado.
La Casa Blanca está preocupada por la escalada del precio de la gasolina. La jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, ha advertido en reuniones internas del efecto “catastrófico” que el aumento del precio de los carburantes tendría para las elecciones de mitad de mandato, que se celebran el próximo noviembre. Unos comicios que se antojan decisivos para definir el poder de Trump, con unas encuestas desfavorables. Wiles ha pedido al secretario de Energía, Chris Wright, que se reúna con los ejecutivos de las petroleras estadounidenses para plantear opciones ante la amenaza de una nueva crisis energética.

“Estamos levantando ciertas sanciones relacionadas con el petróleo para reducir los precios. Vamos a levantar esas sanciones hasta que esto se arregle”, ha manifestado Trump durante una conferencia de prensa este lunes en Doral (Florida). “Buscamos mantener bajos los precios del petróleo. Subieron artificialmente debido a esta incursión (en Irán). Sabía que los precios del petróleo subirían si hacía esto, y han subido, probablemente menos de lo que pensaba, pero no creo que nadie pensara que tendríamos éxito tan rápido. Este fue un éxito militar, como nadie ha visto”, ha insistido.
La escalada del precio de la gasolina y el gasóleo se produce pese a que Estados Unidos es el mayor productor mundial de petróleo. Bombea 13,6 millones de barriles, cerca del 20% del total global. Pero el crudo cotiza en mercados mundiales y su precio está marcado por la demanda y oferta global. Los países del golfo Pérsico han reducido su producción porque tienen los depósitos llenos y no pueden dar salida por los problemas en el estrecho de Ormuz. China ha congelado las exportaciones y otras potencias están sufriendo la carencia de suministro, lo que dispara la tensión sobre los precios. Por eso, las medidas unilaterales de Washington tienen poca incidencia en el mercado interno estadounidense. Trump confiaba en que la guerra de Irán sería rápida y apenas tendría incidencia en el mercado energético, pero los analistas no terminan de estar convencidos.
“Los precios del petróleo a corto plazo, que caerán rápidamente cuando termine la destrucción de la amenaza nuclear iraní, son un precio muy bajo a pagar por la seguridad y la paz de Estados Unidos y del mundo. ¡Solo los tontos pensarían diferente!”, escribió el republicano en su red social, Truth, este domingo, pero los acontecimientos se han precipitado ante la fulgurante escalada del petróleo en solo unas horas.
El encarecimiento de la gasolina es combustible para la inflación. Y un riesgo creciente para la crisis de la asequibilidad (affordability, en inglés), uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan los republicanos para las próximas elecciones. “El factor más notable que impulsará la inflación al alza en febrero serán los precios de la gasolina. En enero alcanzaron un mínimo de recuperación de la pandemia y luego comenzaron a subir. El aumento se aceleró a medida que crecía la preocupación por la guerra y su inicio a finales de mes”, sostiene Dean Baker, analista del Center for Economic and Political Research (CEPR).

Todo el transporte se verá afectado, y los agricultores y ganaderos del medio oeste, un gran granero de votos para los republicanos, sufrirán las consecuencias en plena campaña agrícola tras el final del invierno. Los alimentos y muchos otros productos se encarecerán si se prolonga la situación.
La reacción de la Casa Blanca refleja la preocupación sobre la volatilidad del mercado energético en el 1600 de la Avenida de Pennsylvania, sede de la Casa Blanca, donde el presidente ha celebrado reuniones este lunes para analizar cómo controlar los precios. Aunque la semana pasada se mostró reacio a liberar las reservas estratégicas de Estados Unidos, como hizo su predecesor Joe Biden hace cuatro años en plena crisis energética tras la invasión rusa de Ucrania, el republicano busca opciones con las que amortiguar el aumento del precio de los combustibles en el bolsillo de las familias y las cuentas de las empresas.
“Estados Unidos es un productor neto de energía, pero el aumento de los precios del petróleo, el gas y la electricidad podría amplificar los efectos de los aranceles comerciales, lo que resultaría en una reducción del poder adquisitivo de los hogares y un contexto de menores beneficios empresariales”, asegura James Knightley, economista jefe de ING Research.
Los analistas calculan que, por cada 10 dólares que suba el precio del petróleo, se restan dos décimas al crecimiento económico y se eleva un 0,2% la inflación.
Los funcionarios de la Casa Blanca han planteado un abanico de opciones para tratar de aliviar la presión sobre el precio del petróleo, como restringir las exportaciones estadounidenses, intervenir en los mercados de futuros del crudo, eximir de algunos impuestos federales y levantar los requisitos, bajo la Ley Jones, que exige que el combustible nacional se transporte únicamente en buques con bandera estadounidense, entre otras medidas, según ha adelantado Reuters.
“La Casa Blanca está en constante coordinación con las agencias pertinentes sobre este importante asunto, ya que es una prioridad absoluta para el presidente”, aseguró el portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, a través de un comunicado.
Ahora habrá que esperar si como dice Trump, la guerra en Irán terminará “muy pronto” y desaparece el fantasma de la crisis energética o si el conjuro se transforma en hechizo.
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Trump da por “casi terminada” la guerra ante la escalada del petróleo
El presidente lanza señales contradictorias sobre el fin del conflicto en Irán y, tras el cierre de los mercados, matiza que aún tiene objetivos por cumplir

Washington – 09 MAR 2026 – 17:01ACTUALIZADO:09 mar 2026 – 21:36 ASTDesplegar Redes Sociales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanza señales contradictorias sobre la guerra contra Irán. De un lado, sostiene que el conflicto “ya está casi terminado”, un comentario que desató la euforia en los mercados antes de su cierre. Por otro, insiste en que la campaña militar aún tiene que lograr todos sus objetivos, y continuará hasta que Washington se haya asegurado de que Teherán no tendrá capacidad de atacar a Israel ni EE UU en el futuro.
Desde el comienzo de la ofensiva, Washington y, sobre todo, Trump, han lanzado una serie de argumentos contradictorios sobre las razones para ir a la guerra y sus objetivos. Ahora la confusión también se extiende al cuándo podrá concluir. “Va a acabar pronto”, insistía, “y si empieza otra vez les golpearemos aún con más fuerza”. “No tienen radares, ni telecomunicaciones, […] ni líderes. Podíamos dejarlo aquí o ir más allá, y vamos a ir más allá”, ha sostenido en una rueda de prensa en su club de golf en Doral, en las afueras de Miami.
A un presidente que mide su éxito por las subidas o bajadas de la Bolsa, la montaña rusa global en el precio de las acciones le obligó a reaccionar. Este lunes se ha mostrado hablador incluso para sus locuaces estándares, muy especialmente en torno a las horas de cierre en Wall Street. A las microentrevistas a una avalancha de medios que se han convertido en habituales desde el comienzo de la ofensiva se sumaban comentarios en su red social, Truth; un discurso de cincuenta minutos ante donantes republicanos en el que aludió varias veces a la guerra, y su primera rueda de prensa desde el inicio de los ataques.
La mayor parte de sus declaraciones buscaba tratar de tranquilizar a los mercados. “Si Irán hace algo que detenga el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz, será golpeado por Estados Unidos VEINTE VECES MÁS FUERTE de lo que ha sido hasta ahora”, proclamaba en una de sus últimas comunicaciones del día, en Truth. Mientras el republicano insiste en que Irán ha sufrido golpes durísimos, la República Islámica se mantiene desafiante en torno a su nuevo líder, el ayatolá Mojtaba Jameneí, de 56 años, hijo del líder supremo muerto en los primeros bombardeos, Alí Jameneí.
En su rueda de prensa el mandatario ha repetido que Washington “va muy por delante” del calendario previsto para conseguir sus objetivos en la guerra, como ya había adelantado pocas horas antes en una entrevista telefónica para la cadena CBS que generó un giro de 180 grandos en Wall Street: la perspectiva del fin de la guerra hizo que el Dow Jones cerrase con alzas del 0,5%, tras haber abierto con un descalabro del 1,5% después de que el barril de petróleo llegase a superar la barrera de los 110 dólares.
“La guerra está casi terminada”, había declarado a la periodista Weijia Jiang, de la cadena de televisión CBS. En los primeros días del conflicto Trump había calculado en unas cuatro o cinco semanas el plazo que sus fuerzas necesitarían para alcanzar sus objetivos en Irán. Ahora sostenía que la campaña iba “muy por delante” de lo previsto.
En su rueda de prensa incidía en la idea de que la guerra “habrá acabado muy pronto”. Pero también repetía que la campaña continuará hasta que Irán haya sido “derrotado total y decisivamente”. Preguntado si ese “pronto” quería decir esta misma semana, era tajante: “no”.

Según ha enumerado el mandatario, Irán ya solo cuenta con el 10% de su capacidad previa de lanzamiento de misiles y drones, y ha perdido 51 de sus buques de guerra. Estados Unidos ha alcanzado 5.000 objetivos y ha empezado a atacar las fábricas de misiles y de drones, el arma que más daño le ha hecho, de su enemigo.
Al comienzo de la operación, su Administración se había fijado como objetivos declarados el aniquilar la Marina y los programas nuclear y de misiles balísticos iraníes. También acabar con el régimen teocrático.
Trump no ha querido pronunciarse acerca de sus planes con respecto al joven Jameneí. En declaraciones en días anteriores había amenazado con matar a cualquier líder nombrado sin su visto bueno. Ahora sostenía que está “decepcionado” con la selección iraní. “Creemos que va a llevar a más del mismo problema” que Estados Unidos tiene con Irán, ha apuntado.
Levantamiento de sanciones a Rusia
El inquilino de la Casa Blanca también pareció apuntar al levantamiento de algunas sanciones a Rusia para permitir un mayor flujo de petróleo que rebaje la presión sobre los precios de la energía. “Vamos a levantar algunos castigos relacionados con el petróleo para reducir los precios. Tenemos sanciones contra algunos países, y las eliminaremos hasta que esto se resuelva”.
Antes de la rueda de prensa, Trump había hablado este lunes con el presidente ruso, Vladímir Putin, sobre la guerra en Ucrania e Irán, según afirmó. Trump describió la conversación telefónica como “una buena llamada” y aseguró que el líder ruso “quiere ser útil”.
Los dos líderes, según el asesor presidencial ruso Yuri Ushakov, abordaron en particular los acontecimientos en Irán y en Venezuela. El dirigente ruso planteó al estadounidense propuestas para poner fin con rapidez a la guerra contra Irán, indicó el alto cargo en Moscú.
La conversación duró aproximadamente una hora y en ella abordaron el conflicto creado en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz, según ha explicado el asesor de Exteriores del presidente ruso. “La conversación fue seria, franca y constructiva, como suele ocurrir en los diálogos entre líderes rusos y estadounidenses. El énfasis se centró, naturalmente, en la situación del conflicto con Irán y las negociaciones trilaterales en curso sobre Ucrania con la participación de Estados Unidos”, ha explicado el diplomático ruso, informa Javier G. Cuesta.

En sus declaraciones para CBS, el presidente estadounidense ha asegurado que se está “pensando el tomar el control” del estrecho de Ormuz, en la boca del golfo Pérsico y uno de los puntos clave para el tránsito de petróleo en el mundo: aproximadamente una quinta parte del total global es transportada a través de esa vía marítima. La guerra ha venido a cerrarlo en la práctica.
En sus comentarios para CBS, Trump indicó que no tiene “ningún mensaje” para el nuevo líder de Irán. También señaló que tiene en mente a otra persona para reemplazarle, aunque no especificó quién.
En su rueda de prensa, el republicano volvió a descartar a Reza Pahlavi, hijo del antiguo sha de Irán, del que puntualizó que vive en el exilio desde la revolución islámica de 1979. Apuntó que prefiere un candidato “interno”, que ya esté en Irán. Su modelo sería el empleado en Venezuela, donde la vicepresidenta de Nicolás Maduro se encuentra ahora al frente del país y colabora con Washington. “Me gusta la idea de alguien dentro porque funciona bien”, ha apuntado, “creo que ya lo hemos demostrado en Venezuela”.
En días previos, el republicano había negado que Estados Unidos fuera el responsable de la muerte de al menos 175 personas, la mayoría menores, en el estallido de un misil en una escuela en Minab (sur de Irán). En su lugar, había culpado de la masacre a un proyectil iraní. Pero las imágenes muestran que se trató de un Tomahawk, un misil de fabricación estadounidense y que, fuera de EE UU, solo tienen un puñado de otros ejércitos; ninguno de ellos combatiente en esta guerra. Aun así, el presidente estadounidense quiso echar balones fuera.
Según él, otro país, o incluso Irán, pudo lanzar ese Tomahawk. “Podría ser Irán, que también tiene Tomahawks”, sostuvo, aunque ese país no cuenta con esas armas. Esos proyectiles “son muy comunes. Se venden a otros países, pero estamos investigando” qué ocurrió.
Tras las declaraciones de Trump a la periodista de CBS, los mercados han reaccionado con euforia y los índices han comenzado a subir tras un inicio nefasto. Wall Street, que llegaba a caer un 1,5% en la apertura, ha dado un giro de 180 grados y ascendía un 0,7%. La entrevista también hizo que los contratos a futuro del petróleo intermedio de Texas se moderasen hasta los 85,73 dólares por barril, tras haber cerrado en 94,77 dólares.
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Mojtaba Jameneí inicia en Irán un liderazgo amenazado de muerte y sin esperanza de cambiosAli Falahi | Madrid
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Mojtaba Jameneí inicia en Irán un liderazgo amenazado de muerte y sin esperanza de cambios
Al nuevo líder supremo se le considera el candidato de la Guardia Revolucionaria, el núcleo del aparato militar y de seguridad represor que blinda al régimen. Para Trump es “un gran error”
Madrid – 10 MAR 2026 – 00:30ACTUALIZADO:10 mar 2026 – 04:17 ASTDesplegar Redes Sociales
En 2005, Mehdi Karrubí, el clérigo moderado que concurrió como candidato a las elecciones presidenciales, se quejó en una carta al entonces líder supremo, Ali Jameneí, por la intromisión de su segundo hijo, Mojtaba, en favor del populista Mahmud Ahmadineyad, que terminó alzándose con una victoria manchada por acusaciones de fraude masivo. En su carta, Karrubí aludía al joven Jameneí —nombrado este domingo tercer líder supremo de la República Islámica de Irán— con un apelativo: “Aghazadeh”, el hijo del señor. La respuesta del ayatolá Jameneí fue profética: “Él [Mojtaba] no es un aghazadeh, sino el propio Agha (señor)”. Ese es el tratamiento utilizado por los seguidores más fieles de la República Islámica para referirse al líder supremo.
Mucho antes de que el pasado 28 de febrero Israel y Estados Unidos mataran en Teherán a Ali Jameneí, el nombre de su segundo hijo, Mojtaba, de 56 años, sonaba para sucederlo. Shahin Modarres, analista de seguridad internacional, indicaba hace días desde Roma en la red social X que su elección no fue sorprendente dado que, como apunta esa anécdota de la carta, su ascenso se había gestado desde aquellas elecciones hace ahora más de 20 años. El proyecto de impulsar al hijo del entonces líder como favorito para la sucesión se fortaleció tras conocerse la implicación del joven clérigo y de la Guardia Revolucionaria, el poderoso ejército paralelo, en orquestar el fraude electoral que llevó a Ahmadineyad a la presidencia.

Mojtaba Jameneí, asegura Modarres, era desde entonces el candidato a líder supremo de la Guardia Revolucionaria, el núcleo del aparato militar y de seguridad iraní que, junto con la oficina del líder supremo, conforma el ala más dura de la República Islámica. A esos halcones se atribuye en gran parte el freno a cualquier veleidad de cambio y también la represión que, en la última oleada de manifestaciones, costó la vida al menos a 7.000 iraníes, según la ONG con sede en Estados Unidos, HRANA.
Como nuevo líder supremo, Jameneí hijo, prosigue el experto, “representa a la Guardia Revolucionaria y a los oligarcas”. De ahora en adelante, argumenta Modarres, “será una marioneta de esa fuerza y su mandato probablemente no será largo”.
Este experto no es el único que duda de la estabilidad de esa sucesión, y no solo por los intensos bombardeos de Israel y Estados Unidos y el descontento interno que evidenciaron las últimas protestas. También porque el nuevo líder tendrá como una de sus tareas más urgentes intentar evitar que lo maten. El domingo, poco antes de su nombramiento, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había advertido de que el elegido “no duraría mucho” si no contaba con “su aprobación”. Desde que bombardeó al desaparecido líder iraní, Israel ha amenazado con matar a cualquiera que lo suceda. Este lunes, el republicano afirmó en una entrevista con la NBC que considera la elección “un gran error”.
La Guardia Revolucionaria espera aprovechar la cercanía del nuevo líder con las fuerzas militares para reducir las divisiones internas y garantizar la supervivencia del régimen. Una manifestación de apoyo al nuevo mandatario llenó este lunes el centro de Teherán y de otras ciudades iraníes con decenas de miles de fieles a la República Islámica con banderas e imágenes de los tres líderes supremos que ha conocido el país —Ruholá Jomeiní, Ali Jameneí y el recién nombrado Mojtaba Jameneí— en un intento de exhibir músculo, cerrar filas con la parte que se cree minoritaria de población que aún lo apoya y garantizar así la continuidad del sistema político iraní.

En un mensaje destinado a mostrar unidad, el presidente del país, Masud Pezeshkián, felicitó a Jameneí y afirmó: “Su elección augura una nueva era de honor y poder para la nación iraní”. La Asamblea de Expertos —el organismo encargado de elegir al líder, al menos de manera formal— ha instado al pueblo a “prestar juramento de lealtad al nuevo líder”.
El aparente entusiasmo oficial no despeja las dudas que suscita el nuevo dirigente. Incluso algunas voces de la Asamblea de Expertos se han mostrado críticas ante el hecho de que Jameneí haya heredado el liderazgo de su padre. Sus modestas credenciales como clérigo, su carencia de experiencia política y de gestión y su escasa visibilidad pública no proyectan esa imagen de solidez a la que aspira el régimen iraní, amenazado por los intentos de derrocarlo de Estados Unidos e Israel.
Sobre todo para un sistema islámico que, desde su fundación hace ahora 47 años, no solo ha aspirado a regir Irán, sino a convertirse en el líder de todos los chiíes del mundo e incluso de la comunidad musulmana global. Mojtaba Jameneí no ha dado ningún discurso oficial en su propio nombre ni ocupado cargos ejecutivos que respalden su proyección política.
Debilidad
En junio pasado, Faezeh Hashemi, una política iraní cercana al ala reformista de la República Islámica —la que cree o creía que el sistema podría evolucionar desde dentro— afirmó en junio pasado que la elección de Mojtaba Jameneí podría darle la oportunidad de aplicar reformas al estilo del príncipe heredero y hombre fuerte saudí Mohammed Bin Salmán; es decir, desarrollo económico y apertura controlada, pero sin democracia.
El experto Modarres no ve probable que Jameneí hijo plantee ni siquiera ese escenario de reformas, incluso si estas son limitadas en cuanto a las libertades públicas y políticas, como en el caso saudí. Es, asegura, “muy poco probable que [el nuevo líder supremo] inicie reformas como Bin Salmán y se mantenga en el poder”. El joven Jameneí es “ideológicamente igual a su padre, pero, al mismo tiempo, su posición es de debilidad”, asegura este especialista, que atribuye su elección al resultado de un proceso de veinte años impulsado por los centros de inteligencia y seguridad de la Guardia Revolucionaria.
Tampoco Meir Javdanfar, profesor de Política e Historia Contemporánea de Irán en la Universidad Reichman, espera un cambio significativo en las políticas del nuevo líder respecto a las de su progenitor. Lo resume a EL PAÍS por mensajes de WhatsApp desde Tel Aviv, corroborando que “el respaldo de Mojtaba Jameneí proviene de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria”. Esa inteligencia parte de una “visión profundamente ideológica” y está orientada, más que al espionaje, “hacia la guerra”. Eso “no es aceptable para Israel”, incide.

Desesperación
Algunos iraníes han recibido este nombramiento incluso con desesperación. Como Majid, un iraní de la diáspora que deplora que “al menos” se podía “haber elegido a una persona más conciliadora, que disminuyera la tensión”. Shadi, cajera en un restaurante de Teherán, afirma por Telegram —como el resto de entrevistados que residen en Irán, cuyos mensajes se envían a cuentagotas debido a los cortes de internet— estar “segura” de que [los dirigentes de la República Islámica] “nunca dejarán el poder”. “Llevan 47 años ahí. Decían que si mataban a [Ali] Jameneí habría una revolución, pero no ha pasado nada”.
Incluso los reformistas, que tras los 12 días de bombardeos israelíes y estadounidenses en Irán de junio, esperaban que el régimen aprendiera la lección y apoyara a un sucesor más pragmático, se han visto frustrados por el nombramiento de Jameneí. Mientras, para la opinión pública israelí, apunta Meir Javdanfar, la designación de Jameneí hijo es “preocupante”.
Hossein, un habitante de Karaj, a 30 kilómetros al oeste de Teherán, lamenta: “Toda la vida hemos dicho ‘Muerte a Jameneí’. Este jubilado de la Organización de Agua y Alcantarillado prosigue: “parece que lo que han hecho Estados Unidos e Israel ha sido matar a un Jameneí envejecido y colocar en su lugar a una versión más joven”.
El nombramiento del nuevo líder supremo no solo inquieta a muchos iraníes. Los mercados globales también han reaccionado negativamente a su designación. Según Reuters, el precio del petróleo en las primeras transacciones del lunes aumentó alrededor de un 20%, y alcanzó los 114 dólares (98 euros), el nivel más alto desde el verano de 2022.
“Solo si Israel finalmente entiende que no hay posibilidad de cambiar el régimen y que el liderazgo futuro está dispuesto a modificar la política hacia Israel y dejar de amenazarlo, aceptará a ese nuevo líder”, explica Javdanfar. Este analista aclara que ese escenario representaría, en realidad, un fracaso para Israel, cuyo objetivo es cambiar el régimen en Irán.
La elección de Jameneí ha decepcionado a muchos iraníes, pero no los ha sorprendido. Nahid, una estudiante de Química en Teherán, afirma que en su universidad “muchos hablaban sobre la posibilidad” del liderazgo de Mojtaba Jameneí. “No se podía esperar otra cosa”, sostiene esta joven, y añade: “Desde la Revolución [de 1979], sus consignas han sido ‘guerra, guerra hasta la victoria’, y parece que el destino del país no les importa”. “Creo que lo van a matar”, concluye sobre el nuevo líder supremo.
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